sábado, 15 de octubre de 2011

Primera entrada: Un cuento sin nombre.

Si se te ocurre algun buen nombre para este cuento, por favor ponlo en tu cometario.


Era el peor día de mi vida. En serio, el peor.

Justo comenzaba a amanecer cuando salí a correr como todas las mañanas, recorriendo el parque que esta frente a mi casa, saludando a los panaderos de la esquina, y al vendedor de vegetales que esta afuera de mi edificio. La misma ruta todos los días antes de irme a la universidad. Lo mismo todos los días que tengo que ir a estudiar.

Al principio mi madre se opuso a que viviera solo en un apartamento de la ciudad. Mi padre por otro lado pensaba que era la mejor idea que había tenido. Yo, este día, ya no estaba tan seguro de lo que hacia. Me mude hace apenas un año y yo, que no suelo aburrirme o frústrame con facilidad, estaba frustrado y deprimido ahora mismo. La rutina me ha agotado muy temprano y el día esta lejos de terminar.

Al llegar a mi apartamento, prepararme el desayuno, bañarme y vestirme para irme, comienzo a tener pensamientos fatalistas por primera vez en mi vida.

¿Y que si me siento así todos los días a partir de hoy? ¿Por qué esto no paso antes? ¿Cuándo este apartamento se vio tan solo como hoy? ¿Y si me siento así de triste el resto del día? Imposible. Voy a clases. El mejor remedio para la depresión es la distracción. Seguro esto es solo un efecto del tragar tanto smog. El día no puede ser oscuro como la noche. Mejorará.

No lo hizo.

Cuando entre a mi primera clase de física fui llamado inmediatamente por el profesor. He de decir que el viejo no me agrada. Ni siquiera me he molestado en aprenderme su nombre, aunque el sabe perfectamente el mío. Y yo odio la forma en la que dice “Nikolai Flemm”, como si fuese algún tipo de enfermedad infecciosa.

El punto es que el llamado no fue una casualidad. Nunca lo es. El tipo perdió el trabajo que le entregue, la última tarea que nos asigno hace unos días, y ni siquiera la buscó. El simplemente pierde las cosas y luego pide una copia. Ya había pasado antes, así que no sé porque esta vez me ha molestado tanto. Talvez porque intuía el desastre.

El profesor me dio hasta esta tarde para entregarle la copia. Me fui a la librería para imprimar una copia del archivo que guarde en mi USB al salir de esa clase y, sorpresa: La USB estaba arruinada. Se mojo con el café que siempre llevo en mi termo y que por alguna razón mojo casi todo en la mochila. Luego vi la marca de zapato en el frente de la mochila. Algún inepto se paro en ella y en el termo, rompiéndolo, y provocando así una fuga de café que arruino mi USB y, si, el libro mas caro en la mochila. Precisamente el libro que necesito para mi siguiente clase.

Nefasto no es siquiera la palabra con la quiera expresarme, pero no se me ocurre nada mas lo cual es frustrante.

Decido ir igual a la clase ya que no tengo tiempo. Después pasare por mi casa por una copia del trabajo, y de camino comprare una USB. No se como diablos reemplazare el libro ya que era una edición limitada. Tendré que buscar mucho.

Me bebí el resto del café de camino a la clase de química. Perdí tiempo en rescatar lo que no estaba tan empapado así que me fui corriendo. Cualquier chico de 19 años o menos, sabe que beber mientras corres es mala idea. Mi camisa y mis zapatos lo descubrieron hoy. ¿Por qué decidí hacer eso precisamente hoy? No lo sé, pero ya que.

Por suerte, talvez, el profesor de química tenia una copia algo gastada del libro que mi café victimizó. Es la copia que usa el ayudante del profesor. A veces la prestan en caso de haber olvidado el libro o algo, cosa que raras veces pasa. Nunca me paso a mí, hasta hoy.

–Esto no puede ser. – Eso fue lo que dije cuando abrí el libro en la pagina indicada para la clase de hoy.

Faltaban esa y otras quince páginas adelante. Increíble. De verdad, es increíble. Estaba al punto de la histeria y por primera vez en mi vida, me deje hundir en la desesperación. No trabaje en clase y me fui al primero cuando todo termino. La tortura por desgracia me perseguía. Termine pidiéndole apuntes al más idiota de la clase. No entendía nada de lo que ponía y lo que entendía no era relevante. Era como una guía de “lo que no importa en la clase de química”. Ilustrada, porque el tipo se equivoco de carrera, debió haber estudiado “caricaturismo” si es que existe.

El incidente del café no me permitió almorzar y fue lo siguiente que hice. Por lo menos eso no fue tan mal; aunque la carne me pareció muy dura, la ensalada muy simple, y la limonada muy dulce. Dije no tan mal.

Al salir del restaurante me esperaba el castigo de Dios contra el pueblo de Noé: Una lluvia torrencial, y yo aquí sin paraguas. Ya estaba cerca de mi casa pero eso no evito que me mojara. Y lo que no mojó el café, lo hizo el agua.

Llegue de nuevo a casa, donde todo comenzó. Pero eso no fue lo primero que pensé. Lo primero era imprimir la copia del trabajo. Deje imprimiendo el trabajo mientras me iba a dar una ducha con agua caliente, y cambiarme para no resfriarme. El agua caliente me sentó tan bien, tan relajante. Mis desesperanzas se fueron por el drenaje dando paso al olvido de la calamidad de la mañana y la tarde de hoy.

Nota para mí: Hablar demasiado pronto siempre tiene sus consecuencias en días como este.

Mientras tomaba mi ducha el papel se había atascado y las primeras impresiones tenían tinta corrida. No hay problema. Lo arreglé todo muy tranquilamente de tan relajado que estaba, y justo cuando le di imprimir, por supuesto que si, el rey de los apagones. Y yo aquí sin carga en la batería del PC. Ayer también hubo un apagón mientras jugaba en el computador, y olvide poner a recargar la batería.

Perdí dos clases esperando a que la electricidad volviera. Se paso la hora limite de entrega del trabajo y esta es la clase en la que no voy muy bien. ¿No es esto perfecto?
Porque mi mundo se derrumbo en un día, pero el sol volvió a brillar para todos afuera. Por azares del destino o simple filantropía, mis cortinas estaban cerradas por lo que el sol se colaba apenas por una rendija y pronto desaparecería. Ya eran pasadas las cinco.

Me fui a lo único que creía no podía ir mal. Directo al teatro a mi practica de música.

Es bien sabido que la música tiene el poder de hacerte sentir tan feliz al punto de la euforia, o tan triste como para cometer suicidio. Yo solo esperaba encontrar un poco de alivio. Tome mi violín y mi arco y, no otra vez: una cuerda estaba rota.

Quería llorar. Quería cortarme las venas con la cuerda del arco, o ahorcarme con la cuerda rota del violín. Y me estaba preguntando las mismas cosas que esta mañana: ¿Es que acaso será así a partir de hoy? ¿Y si me siento así de triste y miserable hasta el anochecer, el día siguiente y el siguiente a ese…? ¿Cuándo terminara, o terminare con todo esto si eso llega a pasar?

Tan decepcionado como estaba aún quería tocar algo antes de irme. No desperdiciaría un viaje tan largo de mi casa hasta aquí solo porque sí. Esta vez elegí un instrumento que concordaba con mis sentimientos: Un violoncello. Es más grande que el violín pero incapaz de notas tan alegres como las de su hermano menor. Me refugie en la tonada más triste que alguna vez se haya compuesto para el violín (aunque aun en el violín sonaba mas alegre que en esto). Sumergí mis penas en contrabajos deprimentes, y lo hice mal, porque este no es mi instrumento. Estaba en el centro del escenario, solo, tocando un violoncello tan melancólicamente como me fuese posible.

Pero tenía público. Una chica sentada en las butacas del frente me miraba tan atentamente, sin pestañear o mover los ojos. Era tan perturbador. Me hacia sentir tan incomodo ser observado, y de esa forma, como si supiese todo lo que me ha pasado hoy y estuviese esperando. Esperando a que algo mas pase.

No sé ni porque lo pensé. Lucy no es así. A ella, la conozco. Con su cabello color café, como el que arruino hoy mi USB y mi valioso libro. Sus ojos grises, como las nubes que nublaron el cielo y me cubrieron con lluvia. Piel tan blanca como la mente del imbécil que me presto sus apuntes de química. A ella, la he visto antes.

Lucy. Vamos a la misma clase de química aunque ella es menor que yo por tan solo un año. Es más inteligente, más bonita, y tiene la mejor voz soprano que haya conocido, por eso viene aquí antes que yo, y se va antes de que yo llegue. Nuestras familias son muy amigas. También posee la mirada de escrutinio más intimidante que jamás he recibido.

–Es tan hermosa, la canción. – es lo único que me dice. Se levanta de su butaca y se acerca a mí, hasta que estamos frente a frente.

–Lo estoy haciendo mal. La original es más rápida. – le contesto en forma de reproche aunque no fuese mi intención.

–Ya se que lo estas haciendo mal. – se ríe como si fuese lo mas evidente. Talvez si lo sea. – Pero la prefiero así. Se oye sincera, real. Como si de verdad quisieras cortarte las venas con el arco.

–Eso es bueno. Justamente lo que quería hacer. Me has arruinado el plan.

Veo preocupación en sus ojos, de la verdadera. No sabia que existían humanos con tal capacidad para la empatía, pero en menos de lo que tarde en pensarlo ya estaba contándole todo sobre mi día, a Lucy. Al final solo se me quedo viendo. Espere a que dijera algo, lo que sea. Comencé a comparar rasgos sin razón aparente, solo para tener algo que hacer mientras esperaba. Lo único diferente en nosotros eran nuestros ojos y el rostro. Sus nubes tormentosas rivalizaban con el verde de mis ojos. Ya empezaba a contar sus pestañas luego de treinta segundos de silencio, cuando ella rebusco en su mochila. Saco un cuaderno limpio y me lo tendió con una sonrisa.

–Te puedo prestar mis apuntes de química si quieres. – saco un lápiz y una libreta pequeña. – Se donde puedes conseguir un libro nuevo si te interesa. Te escribiré el nombre de la página Web para que lo busques.

–Eso seria genial. Gracias.

–No eres bueno con las palabras, aparentemente. Me agradeces cuando tengas el libro en mano, ¿de acuerdo? Puedes devolverme mis notas cuando quieras. Y yo no me preocuparía por el trabajo. Ese profesor olvida hasta su nombre a veces, te dejara entregarlo mañana.

Abrí el cuaderno y me encontré con una excelente caligrafía, buenos gráficos y sin dibujos. No esperaba menos de una cerebrito como Lucy. Cualquiera pensaría que ella vino a salvar mi día con su amabilidad, pero como ya dije: Hablar demasiado pronto siempre tiene sus consecuencias en días como este.

Creo que nadie imaginaria lo que vino después. Nadie. Y no pensarían que la dulce e inteligente Lucy tuviese un lado tan… tan anti-Lucy. El día no termina hasta que cae la medianoche.

–Muchas gracias, de verdad, me has mejorado el día. – estaba verdaderamente agradecido con ella. Pero no tan agradecido talvez.

Por alguna buena razón voltee a los lados. Me di cuenta de que estábamos terriblemente solos en este lugar. Ella se puso de pie y pensé que se iría. Seria lo más normal y lo más sensato.

Lucy no se fue. Se acerco más a mí y me dio un beso tierno y breve en los labios. No se alejo demasiado, y tampoco lo hice yo. Se que esta mal. Por mas de una razón esta mal. Yo respondí con otro beso que esperaba fuese igual de suave, sin malinterpretarse. Mi beso, para suerte o para desgracia no fue tan efímero. A los cinco segundos dejo de ser mío a ser nuestro. A cada segundo más intenso, cargado con deseos, una puerta de escape a tantos malos sentimientos que me ahogaron hoy.

Por Dios, Lucy. ¿Qué estamos haciendo? ¿Por qué sigo aquí si quiero dejarlo? Es que no quiero. Ya comenzaba a extrañarlo incluso. Mis últimas relaciones han sido tan malas y breves. Mi última novia me abandono por alguien más rico y de las otras no quiero ni hablar.

Creo que ella pensaba casi las mismas cosas que yo. Ella tampoco se detenía. Me insto a levantarme de mi silla inmediatamente, comenzó a acariciarme y aferrarse a mis hombros. Tuve que agacharme un poco ya que soy más alto. Ni así nos detuvimos.

Un ruido al fondo nos hizo separarnos bruscamente, pero no era nada. Esa pausa me recordó el oxigeno que necesito para vivir. También me aclaro la mente a ideas como: ¿Recuerdas que es la sobrina de uno de tus mejores amigos? ¿Y si sus padres se enteran? ¿Qué tiene de malo un beso? Bla, Bla, Bla…

– ¿Estas pensando lo mismo que yo? – me dijo ella entre jadeos.

–Depende, ¿Qué estas pensando?

–Lo necesito. Ya. – me miro desesperada por una respuesta pero yo estaba abrumado.

– ¿Qué necesitas? – me estaba asustando.

–No te hagas el bobo, Nick. – tomo mi mano para acercarme y susurrarme tan cerca del oído como podía alcanzar. – ¿Qué prefieres, aquí, en el baño o en otra parte?

–Ah… – en blanco. Me quede en blanco. ¿Qué se supone que debo hacer? El quiero pero no debo no es buen mantra, y no podía sacarlo de mi cabeza. Sin embargo “Es mejor pedir perdón que pedir permiso” – ¿Estas segura de que quieres hacerlo?

–Tanto como tú lo estas. ¿Dónde prefieres?

–Hay un camerino con cama por allá, – y señale a la izquierda del telón. – esperemos que este solo.

Me jalo de la mano hasta ahí a toda prisa. Aunque yo no me hacia el rogado tampoco.

Estaba solo. Nos metimos de una sola vez cerrando la puerta en la que ella me estampo. Retomamos en donde lo dejamos sin pausa y sin prisas. Ella desabotono mi camisa con mucha rapidez. Desabrocho el cinturón y bajo la cremallera del pantalón; todo con una sola mano. Cuando termino conmigo empezó a deslizarse el suéter. Le detuve las manos porque no me pareció justo que lo hiciera ella. Yo también quería demostrar mis habilidades.

En menos tiempo del que creí que tomaría ya estábamos desnudos. Frente a frente, besándonos y acariciándonos. Yo ya deseaba terminar con esto del besuqueo. A los hombres no se las da bien la paciencia en estos casos pero era necesario. No quería presionarla por si se arrepentía. Yo no sabia que darle el control a Lucy seria tanto buena como mala idea. Supongo que nunca sabes si te gusta el masoquismo hasta que lo pruebas.

Ella comenzó a masturbarme. Yo hice lo mismo con ella. Se sentía tan bien… hasta que ella apretó con fuerza y me arrastro hasta la cama, llevándome hasta ahí como si eso fuese una correa. Entonces se sintió mucho mejor.

Tomo mi mano de nuevo, pero esta vez comenzó a chuparme los dedos sin despegar su mirada de mí. Los introdujo en ella, masturbándose con mi mano. No lo podía creer. Era tan excitante… nadie me había utilizado de esta manera. Ojala y lo hubiesen hecho.

Para Lucy esto solo era el juego previo. Para mí ya era mucho más que eso. No aguantaría mucho a este paso y ella continuaba provocando. Era experta en el arte de la felación. Hubiese querido haberla conocido antes. No debo terminar esto tan pronto.

–Lucy, adoro tus manos sobre mí pero déjame descansar un momento. – le dije desde abajo, que es donde me tiene.

–No. – respondió, con una sonrisa radiante en sus hermosos labios. – Me encanta jugar antes de llegar a la parte interesante. Si quieres puedo ayudarte a retrasar esto un poco más. Solo dime cuando estés a punto.

Hice como ella me dijo. Al instante tomo mi miembro e hizo presión en la punta con sus dedos. Al parecer conoce muchos trucos para retrasar lo inevitable. Se alejo un momento y se puso a rebuscar en la habitación. Lo encontró para su satisfacción. A mí me empezó a asustarme.

– ¿Qué piensas hacer con esa vela?

–No te preocupes, no es para penetrarte. – su sonrisa no me generaba confianza en absoluto. – ¿Algunas vez has probado el masoquismo?

–No

– ¿Te gustaría hacerlo hoy?

La parte  racional de mi pedía a gritos que terminara con esto en mi casa, solo. Pero la que dominaba en estos momentos decía “¿Qué diablos? Dale lo que quiera”. Por algo era dominante.

–Lucy, has conmigo lo que te plazca.

Y así lo hizo. Derramo sobre mi pecho la cera caliente de la vela mientras me montaba lentamente. Tomo una cuerda y me azoto con ella por todas partes. Siguió montándome lentamente por unos minutos más. No era justo. Ella me utilizaba pero por alguna razón creía que no lo estaba disfrutando del todo. En sus movimientos intuía que ella ansiaba más rapidez, pero temía cansarse o hacerme acabar. Ya era hora de revertir el juego.

–Detente. – le pedí, sosteniendo sus brazos pegados a sus caderas. Ella me veía preocupada, como si estuviese decepcionada de no haberme complacido, lo cual es demasiado extraño. Le sonreí de una forma (espero) seductora. Me senté frente a ella y la bese con fuerza. Justo cuando sentí que su peso se debilitaba la recosté en la cama y me coloque encima. – No eres la única con trucos aquí, mi pequeña Lucy.

La penetre con fuerza y rapidez. Sus gemidos y jadeos me indicaban que iba por buen camino pero con una mujer es difícil decirlo. Tome su seno en mi boca y comencé a torturarla a mi modo. La sentí estremecer en mis brazos y supe que este era el camino correcto. Su mirada taladraba en mi alma, me hacia sentir vulnerable. Por alguna razón ella tiene ese efecto en mí desde que la conocí. No era su indiferencia lo que me dañaba ahora, sino su deseo. Era tan pesado. Deseaba con todas mis fuerzas poder satisfacerlo pero parecía inconcebible. Un orgasmo, ni diez que ella tuviera podrían satisfacerla. De todas formas haré lo que pueda.

Me sentía acabar por el ritmo que llevaba. Así que para distraerme un poco comencé a enseñarle mis habilidades en el arte del Cunnilingus. Saboree su esencia con todo el placer que sentía. Su pasión también era contagiosa. Para ser sexo casual lo estábamos llevando a un nivel muy personal. No me importaba. Solo ella me interesaba en este momento. Su sabor era exquisito, y la suavidad de su piel… el paraíso. Estaba dispuesto a entregarle lo que me pidiera, fuera lo que fuera.

Ella comenzó a moverse contra mí incitándome a hacerlo mejor, más rápido. Yo solo estoy aquí para complacerla y eso hice. Su segundo orgasmo fue más salvaje y duradero. Podría verla disfrutando para siempre de mí. Yo ya sentía mi propio placer aproximarse. Y quería estar dentro de ella. Lo deseaba tanto, el que culmináramos juntos. Ella era mía y yo era suyo. Era perfecto.

Esta vez, cuando la tomé, eleve una de sus piernas, acariciando el muslo, lamiéndolo, disfrutando de toda la belleza que ella tenia para ofrecer. Deleitándome con su tacto húmedo. La tome rápido y sin detenerme, sin bajar el ritmo, hasta que sentí su culminación y quise compartirlo.

Fue increíble.

Al terminar estábamos tan cansados. Ella cerró los ojos casi al instante sin decir nada. Antes de dormir ella me susurro un “Gracias” lleno de significado. La acune entre mi pecho cubriéndola con mis brazos y a ambos con una sabana que encontré.

Y recordé la primera vez que la vi, cuando éramos mas jóvenes. Me siento viejo al pensar que las palabras “más jóvenes” se aplican a nosotros también. En diecinueve años he hecho tantas cosas de las que me arrepiento. Esta no es una de ellas.

Yo también me quede dormido muy rápido. Fue la noche más placentera que he tenido en la vida y no la cambiaria por nada. Sin embargo al día siguiente me di cuenta de que talvez mi suerte no había cambiado solo por haber estado con Lucy, y que esto resultara ser maravilloso. Solo era sexo casual después de todo.

4 comentarios:

  1. Ya leí tu historia, ahora, me pregunto sí tendrá continuación (?). Porque ha estado muy buena, ya tenía ratos que no leía nada hetero hahaha, la escritura es buena tambien, aunque tengas errores ortograficos, es ligera y no confunde tanto XD y un nombre no se me ocurre ._.u
    Bueno, lo vemos despues haha

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  2. Como que te reconozco (el comentario hetero me lo dijo XD) No Vikiingirl, no tendra continuación.

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  3. Entonces nombres sobran mujer :D es mas dificil elegir uno cuando la historia continúa y no sabes como va a terminar hahaha aunque yo sea malísima para elegir eso. ._.
    Tan obvia soy? hahaha bueno,... estaré pendiente de que subas algo mas jojo
    XD

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  4. Siento que al final lo mas dificil no viene siendo la historia sino un nombre que le haga justicia

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