martes, 9 de octubre de 2012

Capítulo 9



Capítulo 9
-¿Eso es maquillaje? – pregunto Jonah a Erick cuando se le acerco.
-Si, - le respondió el otro, con una enorme sonrisa en el rostro. – me puse mucho creo. Rox, ¿Qué haces tan temprano?
-Vine a hablar con Jonah, ya que no te vimos ayer por aquí.
Esa sonrisa, la odiaba sobre todas las demás. Era su sonrisa de “quiero asesinar a cualquiera que se atreva a contrariarme”. Hace años que le regale el maquillaje para que cubriera los moretones que le hacia su padre. Odiaba esa sonrisa, porque su padre solo le golpeaba cuando estaba tan borracho, que le culpaba por el suicidio de su madre, sin ninguna otra razón. Lo peor es que Erick no tenia culpa en esa decisión.
Cuando conocí a Erick él era muy apegado a su madre. Un año después ella murió, y nadie me decía por qué, o cómo. A los doce años cualquiera tiene la habilidad para saber que preguntar sobre la muerte de alguien tan querido para tu mejor amigo es una situación complicada. El tardo un año, cuando teníamos trece, para decírmelo un día que paseamos por el parque y vimos a un perro ser arrollado por un auto y morir en agonía. “Mi madre no tuvo tanta suerte como ese perro. Ella solo decidió morir por su cuenta cuando yo era el único que estaba en casa.” Lo vi y le pregunte a que se refería. “La encontré agonizando en el baño después de que se cortara los brazos, desde el hombro hasta la muñeca, con una navaja de rasurar.” Y luego lloro una sola lágrima, guardando todo lo demás en su interior hasta el día de hoy. Y la primera vez que vi sus golpes y moretones me lo explico; que su padre le golpeaba por no haber hecho nada para salvar a su madre.
-He de decirles, que de ahora en adelante nos reuniremos con “el grupo”, – comillas aéreas y mensaje cortesía de Jonah – los lunes después de la escuela en el mismo café de siempre. Así que pasaremos mucho tiempo juntos de ahora en adelante. Aunque hoy sea martes, tendremos que ir.
Nos fuimos al café inmediatamente después de ir a la escuela. Yo no quería ir, pues eso significaría ver a Vincent ahí, y definitivamente no quería verlo después de aquella sensación horrible.
Afortunadamente él no estaba ahí. En cambio nos encontramos con un montón de personas desconocidas que no estaban la última vez que vinimos. Y todos parecían enojados.
-¿Qué esta pasando? – pregunto Jonah a uno de los chicos, que creo se llamaba Seth.
-Han venido tipos de la ciudad vecina a reclamar por el asesinato de un chico de 15 años. Dicen que los policías no encontraron pruebas, pero ellos descubrieron rastros de energía demoniaca en la escena del crimen. Reclaman que alguien de nuestro grupo invocó a un demonio para matar al chico, pero no hay un móvil.
Eso era feo en más de un sentido. ¿Pero como sabían ellos que había sido uno de los nuestros? ¿Por qué matarían al chico?
Acabábamos de llegar y fuimos sometidos a una prueba de la verdad. Cada uno tuvo que tomar la mano del anciano del grupo visitante. Él te preguntaba si conocías al chico, y si lo mataste mientras tomaba tu mano diestra, y luego de comprobar lo que quería solo con la mirada te dejaba ir, y te pedía que te fueras del lugar. Cuando llegó mi turno me sentí muy cohibida porque el tipo era muy intimidante con sus ojos café oscuro viéndote al alma, y luego sentías una corriente de energía recorrer todo tu cuerpo desde adentro, activando cada nervio. Las mujeres y los más jóvenes eran los que pasaban primero, pero yo tuve que esperar por que dejaran libres a Erick y Jonah.
No pude evitar pensar en la ausencia de Vincent cuando estuve afuera. ¿Y si él tenía algo que ver con el asesinato? No me dio tiempo para sospechar más cuando lo vi acercarse a mi muy tranquilo y resuelto.
-Pareces asustada Rose, ¿te paso algo? – Vincent ya no me daba miedo; por lo menos no en este momento. En su lugar me sentí muy calmada.
-Creo que debería entrar para enterarse de lo que paso.
-Debería hacerlo ¿no? – Toco mi hombro y el sentimiento de temor regreso aun más fuerte.
Vincent entró justo cuando Jonah salió, y yo estaba a punto de llorar por la desesperación que sentía, y la ansiedad, no creo que soportaría mucho sin querer tirarme al suelo y revolcarme en mis lágrimas. Incluso me dolía el corazón. Jonah se dio cuenta inmediatamente.
-Erick saldrá pronto y nos iremos al parque ¿Quieres algo? ¿Necesitas algo? – su preocupación me hizo sentir peor hasta que me abrazo. No pude soportarlo y me eche a llorar en su hombro mojando su chaqueta de cuero. El acariciaba mi cabello mientras acercaba su cabeza a la mía, apretándome mas fuerte para ahogar mis sollozos.
-Cálmate, no pasa nada… si quieres puedes seguir así hasta que te calmes. No diré nada.
Me embargaron los recuerdos más horribles de mi vida. La muerte de mis padres, la lastima que sentían mis familiares por mi situación, esa situación de orfandad y abandono que sentí al tener que mudarme con mi tía y abuela, y luego ver a mi abuela en su lecho de muerte. La depresión de todos estos años que presionaba en mi pecho sin dejarme respirar. El dolor de tener que contener todos esos sentimientos por tanto tiempo, aflorando en este momento. Era insoportable.
Luego sentí un tirón en mi brazo izquierdo, y una sensación de calma que se esforzaba por entrar en mi cuerpo debilitándome.
-Vámonos al parque ya. – Reconocí la voz de Erick muy difícilmente. Enjugue mis lagrimas e hice respiraciones profundas para evitar llorar mas. Camine rápidamente lejos de los dos con dirección al parque que estaba cerca de ahí.
Me senté en los columpios porque siempre me sentía mejor al columpiarme, pero eso tampoco ayudo. Erick y Jonah se acercaban lentamente hasta mí. Yo me dedique a ver al cielo rosa de la tarde. El parque se encontraba solo. Nosotros estábamos solos.
Nos quedamos ahí sin decir nada por un buen rato, viendo los autos pasar mientras mi alma se sumía en la depresión a cada segundo. ¿Qué estaba mal conmigo?
-Quisiera saber que paso y porque estas así. – Erick me vio muy serio y preocupado. El pensar en lo que lo me sucedía era inútil, puesto que lo estaba haciendo desde ayer y aun no encontraba respuestas. La noche ya era un hecho cuando decidí responderle.
-No sé que me pasa en realidad. Cada que toco a Vincent me siento así; desesperada y deprimida. Es doloroso. No puedo contener mis ganas de llorar. Y esto empezó ayer.
-No suena como algo normal. – dijo Jonah, mientras se columpiaba tranquilamente a mi lado derecho. – Tal vez eres muy susceptible a la energía que emanan otros. Tal vez esto te esté advirtiendo de un peligro. Nunca confié en Vincent de todos modos.
-Cuando yo salí, el entro a la habitación y me sentí… - Erick se corto, nada típico en él. – Creo que él tuvo algo que ver con la muerte del chico.
-Ya deberíamos ir a casa ¿no creen? Se hace tarde. – Claro, yo preocupándome por la hora cuando antes he llegado hasta la madrugada a casa.
-Yo me iré con ella, tengo asuntos cerca de su casa. – Jonah se levanto y me tomo de la mano para levantarme. – Tu vete a casa, Erick, yo la cuido a partir de aquí.
-Pero… bien, los veo mañana en la escuela. Y conste que los dejo ir porque la casa me queda lejos de aquí y no puedo llegar tarde.
Vi a Erick alejarse a nuestro paso. Se dio la vuelta para despedirse de mí con una cálida sonrisa que me decía muchas cosas, todas buenas y alentadoras; pero esta vez no me alegraba. Volvió a darse la vuelta corriendo para llegar a casa. Le sonreí por inercia, y me levante sintiéndome muy débil. Por poco y me desplomo al suelo si no me hubiese sostenido del barandal.
Jonah se dio cuenta de que trastabillé, me tomo de la mano de nuevo y puso su otra mano en mi cintura para darme estabilidad.
-¿Puedes caminar? – me pregunto.
-Creo que si. Solo déjame intentarlo. – Me soltó por un momento y trastabillé de nuevo. No podía caminar por mi cuenta. Muy mala señal. Al menos esta vez pude apoyarme en él rápidamente.
-Yo creo que no puedes. Y lamento lo que voy a hacer, espero no te incomode… solo lo hago por tu bien. – Me tomo de la cintura de nuevo. Él era casi tan alto como Erick, así que no pude poner mi brazo alrededor de su cuello para ganar estabilidad. En su lugar puse también mi brazo en su cintura, agarrándome fuerte cuando otra oleada de debilidad me azoto. – Prueba caminar así.
Esta vez si lo logre, aunque aun me caía cada tanto. Nos dirigimos a casa en ese estilo. Cuando estaba peligrosamente débil, Jonah me abrazaba más fuerte a su lado. Era incomodo, pero no podía quejarme en mi situación. No se de donde provenía tanta debilidad.
Al parecer a mi también me quedaba muy lejos mi casa desde el parque, porque sentí que el trayecto duró una eternidad mas un año. Me sentía mejor poco a poco, y empezaba a sentir sueño. Inconscientemente recosté mi cabeza en su hombro mientras luchaba por no cerrar mis ojos y desplomarme al suelo totalmente dormida.
-Ya casi llegamos a tu casa. – Abrí los ojos y en realidad, me parecía que mi casa estaba muy lejos. – Es una lastima que se termine tan pronto, cuando mas lo disfruto. Espero que estés despierta para disfrutarlo también.
-Apenas. El sueño me esta venciendo.
-Detengámonos un rato por aquí. – Nos sentamos en la acera bajo una lámpara de la calle. El estiro sus piernas y me dejo recostarme en su regazo. No me importo que acariciara mi cabello y mi rostro. Tampoco estaba muy despierta como para sentirlo. – Siento lo débil que estas como si fuese yo mismo. Intenta mantenerte despierta en este momento ¿si?
-Te escucho… - El sueño, me vence…
-¿Conoces el cuento de la bella durmiente? Quien no lo conocería. – Asentí lentamente con la cabeza, sumiéndome en el pensamiento de lo cómoda que me sentía allí durmiendo. – Yo la verdad no creo que el príncipe la despertara con un solo beso. Ahora te necesito despierta, princesa Rose.
Eso me obligo a ponerme alerta, apenas. Solo abrí mis ojos por un momento, levemente para darme cuenta de la proximidad de Jonah. Beso mi mano derecha muy suavemente, luego mis rodillas; se sintió extraño pero gentil, vigorizante de algún modo. Por ultimo beso mi frente, tomándome de ambas manos y acercando su frente a la mía en un contacto muy personal. Y estaba despierta. Completamente despierta.
-¿Cómo? – Fue lo único que pregunte.
-Es una pequeña habilidad que tengo. No puedo curar la depresión y la ansiedad tan bien como Erick, pero puedo hacer esto por ti cuando quieras. – Me levante de su regazo dándome cuenta por fin de lo incomodo de la situación. – Ten mas cuidado con Valentine la próxima vez, sospecho que esta tratando de robar tu energía. Si dejaras de verlo repentinamente se vería muy sospechoso, y no sé de que tantas cosas es capaz.
-Comprendo. Espero no tener que verlo pronto.
-También ten cuidado conmigo.
-¿Huh?
-Yo siempre aprovecho mis oportunidades. Esta vez lo deje pasar porque te sentías muy mal, pero la próxima vez que estemos solos no dudare en robarte al menos un beso.
Típico de Jonah, quedarse con la ultima palabra antes de irse. Por su culpa no pude dormir de tan enérgica que me sentía. Aproveche la energía extra para concentrarme en mis tareas. Ya terminadas intente dormir, solo para soñar con Jonah y Erick jugando cartas conmigo en un juego inconcluso de Uno.

Capítulos 10 y 11 hasta mañana por falta de tiempo... quiero dormir temprano.

domingo, 7 de octubre de 2012

Capítulo 8



Capítulo 8
-Rose Nightingale.
Vincent era un chico de veintidós años, delgado y común. Cabello castaño, ojos castaños, tez blanca pero no pálido como se acostumbraba por aquí. Seguramente se exponía al sol con regularidad. Debo admitir que era altísimo y un poco intimidante por su seguridad. Alegre era el único adjetivo que lo describía por el momento.
Tenía el placer de ser su primera estudiante y eso me hizo sentir un poco aliviada. Empezó a describirse como una persona paciente, entusiasta, con muchas ganas de enseñarme todo lo que quisiera aprender. Concertamos vernos de nuevo en un café no muy lejos de mi escuela donde hacen unos frapuchinos excelentes según él. Como primera tarea me pidió buscar un tema de magia que llamara mi atención para partir desde ahí con mi enseñanza.
Ese fue el fin de la presentación y de la “fiesta”. Me fui con Jonah y Erick de camino a casa. Ninguno se ofreció a dejarme y estaba bien así. Eran demasiadas cosas para una noche, no quería estar discutiendo al respecto con nadie en el trayecto.
Al llegar a casa me di cuenta de lo cansada que estaba y me dormí al instante. Apenas eran las 9 de la noche.
Al día siguiente me fui a la escuela sola como acostumbraba hacerlo desde hace unas semanas. En el estacionamiento vi a Jonah hablando con las del equipo de animadoras, las cuales al verme sola me saludaron hipócritamente. Fijando mi vista en el intercambio de bolsas que se estaba dando entre ellos me di cuenta de que el negocio de Jonah era muy lucrativo. Hice lo mejor que pude haber hecho: alejarme de ahí y subir el volumen de mi reproductor. De todas formas ya iba tarde y mi casillero estaba muy lejos del salón.
Corría en lugar de caminar cuando sentí un jalón en mi camiseta que me arranco los audífonos de los oídos. Dolió mucho.
-¿No viniste con él rarito? – Jonah logro alcanzarme de todas formas. – No lo he visto.
-¿Desde cuándo estas aquí? Tal vez ya esté en el salón.
-Soy siempre el primero en llegar. Mis clientes prefieren hacer sus negocios en la madrugada. ¿Entonces? ¿Dónde está tu amiguito?
Me zafe de su agarre y me fui al mismo paso rápido de antes. Justo antes de que sonara la campana. Efectivamente, Erick no se encontraba en los alrededores. No lo vi ni en la hora del almuerzo, ni en la salida y era improbable (imposible más bien) que se hubiese saltado las clases. A menos que…
Le llame cien veces exactas. Ninguna respuesta, mensaje o señal de existencia. Recordé no preocuparme, tal vez no era nada. Y me fui repitiendo ese mantra en mi mente hasta la cafetería donde estaba mi tutor, Vincent Valentine.
Él ya estaba ahí tomando un frapuchino mientras observaba por la ventana. Al verme afuera me saludo alegremente, invitándome a entrar. Me compro un frapuchino de mocha. Después de que me preguntara “¿Y bien?” recordé lo que había olvidado.
-No se… no prepare nada.
-No importa, sabía que algo así podría pasar. – Vincent se inclinó en su silla y rebusco en un bolso, de esos que acostumbran llevar los universitarios. – Jonah me dijo que estabas interesada en esto, el gran mago Abramelin. Es curioso sabes, que a mí también me intereso la alquimia al principio. Pero creo que a tu amigo le debe ir mejor con Jonah como tutor. Jamás pensé que conocería a un lector de mentes de nacimiento. ¿Cómo es?
¿Jonah era su tutor? Bizarro.
-Yo no lo supe hasta hace poco, no sabría qué decir.
-Ahhhh, - Se vio decepcionado pero al instante le regreso la sonrisa. Vincent era un tipo tan aterrador a veces. – entonces empezaremos con los preceptos para conseguir los poderes, para empezar; la alquimia vendrá después. No te costara nada, se siente tu talento. Así que, ¿te parece si nos vamos de aquí a un lugar mas adecuado?
No desconfié de Vincent porque algo no me lo permitía. De igual forma nunca sucedía nada extraño, o que me hiciera sospechar de sus intenciones.
Nos fuimos en su jeep hacia el lado limítrofe, hacia los bosques. Comenzaba a tener miedo, pero seguía sin desconfiar. Es extraño. Nos detuvimos cerca del granero abandonado en medio del bosque. Un granero viejo, completamente de madera, pintarrajeado con grafitis y en ruinas. El cielo estaba tan brillante por la luz del sol y la falta de nubes a pesar de ser las 4 de la tarde. El viento soplaba fuerte, seguramente por la cantidad de arboles alrededor. Vincent empezó a desabrochar su cinturón de seguridad, abrió la puerta para bajarse del auto y colocarse en contra del viento en el punto mas soleado. Yo me baje y le seguí un poco asustada.
–Siente el viento, Rose. – Vincent sonaba tan inspirado al mencionarlo. – Cierra tus ojos, y siente el poder a tu alrededor.
Hice lo que me dijo. No sentía nada en absoluto. Comencé a cuestionarme todo lo que sentía que iba mal en mi vida, y como me alejaba poco a poco de mis amigos…
-No pienses en nada, solo siente, con todo tu ser. – Se oyó algo grosero pero no lo discutí.
Me costó mucho dejar de pensar en mis asuntos, dejar mi mente en blanco. Lo último que cruzo mi mente es por qué me cuesta tanto hacer magia, y a mis amigos les salía tan natural.
Al instante de dejar mi mente vacía de cualquier pensamiento sentí una energía en mi brazo. Las hojas que rozaban mi piel eran como caricias eléctricas, que me llenaban y me renovaban. Me sentía libre y poderosa. Ligera. El viento frio me hizo recordar la noche de ayer llena de estrellas y me desconcentre. Abrí los ojos y era de noche. Las 7 y media de la noche.
Habían pasado tres horas en tan solo 10 minutos. Y de pronto ya no.
–No te metas en tu ilusión, no seas parte de ella. Podrías quedar atrapada. Utiliza la energía que recoges con precaución. Pronto te acostumbraras.
Sentir la energía, en ese nivel, es tan abrumador… pronto comenzó a dolerme la cabeza tan fuerte que me sentí mareada, me desplomé al suelo y empecé a gemir sin pensar en nada mas que el fuerte golpeteo dentro de mi cabeza. Vincent tomo mi cabeza y me obligo a verle a la cara, a los ojos… y el dolor no era más que un recuerdo.
-Pensé que podrías hacerlo y soportarlo bien. – me dijo Vincent, sin ninguna expresión en su rostro. – Para la próxima no te presionare tanto ¿vale?
-¿Si? –fue lo único que logre contestar. Algo dentro de mí me pedía a gritos que me alejara de él y de su contacto, porque simplemente se sentía muy poderoso y diferente. Aterrador.
Vincent se ofreció a dejarme cerca de casa en ese mismo instante. No hablamos en todo el camino, lo cual fue muy incomodo. Me estuve una hora sentada en un columpio del parque cerca de mi casa. Para cuando me calme y me fui a mi habitación ya eran las 6 de la tarde y estaba oscureciendo. Cené como siempre y regrese a mi cuarto, sintiéndome ligeramente diferente y con tanto, tanto miedo del mañana, que tal vez eso explicaría mi comportamiento la mañana siguiente.
Procure ser la primera en llegar a la escuela, pero obviamente no fue así. Jonah estaba sentado en la parte oscura del estacionamiento, donde los chicos suelen refugiarse para fumar cualquier cosa antes de ir a clase. Me vio, y sin embargo no me saludo y se mantuvo inexpresivo hasta que me acerque. Él estaba dándole uso a la zona de fumadores.
-Jonah, yo… ¿hola? – no sabia ni que decir. Patético.
-Pensé que no te gustaba hablar conmigo. – exhalo humo de su cigarrillo, mirando atentamente como se arremolinaba en el viento, sin verme. - ¿Querías algo?
-Perdóname por lo de ayer, no sé que me pasa.
-Yo si lo sé. Estas como una perra bipolar últimamente, como si no fueses tú en realidad, y Erick estaba muy preocupado por ti.
-No tienes por qué decírmelo así; ya me siento suficientemente mal.
-Si no confías ni en Erick, me pregunto que tan buenos amigos serán. Y antes de que preguntes, no se nada de él desde anteayer ¿Has hablado con él?
-No. – Jonah no ayudo en nada a calmar mis nervios, y me sentía mas deprimida a cada segundo sin ninguna razón. Él lo dijo y yo lo pensé: ¿será que Erick y yo nos estamos distanciando?
-A ti te pasa algo muy malo en estos momentos. Yo no leo la mente, pero el aire a tu alrededor se siente tan pesado y triste; me estas hundiendo contigo. – esta vez si me miro, y yo aparte la vista de sus ojos, para que no viera cuan triste y asustada me encontraba. Estaba a una cosa más de llorar. – Si me lo dices, solo para sacártelo de adentro, te prometo que no diré nada, ni siquiera pensare en ello; me quedare callado y quieto, aquí, fumando y escuchando, ¿Lo harías, por favor? Yo también quiero ser tu amigo ¿sabes?
-No lo se, Jonah. Siento como si jamás podremos ser amigos, porque se me hace difícil hacer nuevos amigos. – Jonah empezaba a volverse distante, como desesperanzado. – Aunque si quiero intentarlo. Si las cosas siguen así… solo temo quedarme sola. Tu no puedes ser tan malo como aparentas.
-Prometo no decepcionarte.
Le creí. Le creí porque en ese momento quería creer que las personas aun poseían bondad, porque necesitaba bondad a mí alrededor. Algo dentro de mí se sentía sucio y malvado, y necesitaba una cura.
Después de hablar por un rato sobre lo que hicimos cada uno ayer nuestra conversación se volvió muy cálida. Notaba su aprehensión al hablar sobre la familia; yo tampoco quería hablar de la mía. Sus negocios en cambio era un tema común y corriente para él, pero era su modo de decirme que confiaba en mí. Chicos de toda clase llegaban a nosotros para comprar drogas de todo tipo, actuando como si Jonah fuese su mejor amigo, pero solo interesados en hacer una transacción rápida y efectiva.
Fue ahí cuando comprendí que Jonah también era un marginado y un solitario, solo que en su caso la soledad le ayudaba a protegerle como un escudo, y sin embargo, también le hacia sentir vacío.
Fue cuando vimos a Erick en la distancia que la tienda se cerró.

sábado, 6 de octubre de 2012

Capítulo 7



Capítulo 7
Ya se ha hecho habitual para mi tía esto de mis salidas nocturnas. Ya ni siquiera pregunta a donde voy porque supone que estoy todo el tiempo con Erick. A veces llego a pensar que debe verlo como mi novio o algo así. Ya quisiera yo.
Fuimos al cementerio…
-¿No se supone que íbamos a una fiesta? – Pregunto Erick.
-Sí. Aquí es la fiesta. – Respondió Jonah con su habitual sonrisa de “te pille”. – Voy a presentarlos con los maestros hoy. Recuerden lo que han aprendido en estas semanas.
Nos detuvimos cerca de un mausoleo pequeño donde solo cabría uno de nosotros parado e incómodo. No tenía puerta, ni decorados, ni flores; nada que pudiera distinguirlo de todos los mausoleos blancos que había alrededor.
Jonah se acercó a este mausoleo simple, se agacho, levanto una baldosa del suelo y… había un cerrojo en el suelo. Se sacó un juego de llaves del bolsillo de su chaqueta y al meter la llave, y girarla, note que el resto del suelo del mausoleo era de madera muy bien camuflada. Prosiguió a levantar el suelo de madera. Lo único que había debajo de esta tapa era una bolsa plástica enterrada en la tierra, con un papel doblado adentro.
El papel tenía escrita una dirección no muy lejos del cementerio.
-Aquí es a dónde vamos. -  Jonah extendió el papel para que lo viéramos bien. – ¿Alguno sabe dónde es esto? Porque yo no.
-Es a dos calles de aquí. – Erick si conocía toda la ciudad mucho mejor que yo. Yo solo sabía que estaba cerca porque mi tía me lo dijo una vez.
Caminar no era un problema pero si era tedioso. Es lo malo de no tener auto. Jamás me imagine que un montón de aficionados de la magia se reunieran en una cafetería cualquiera a tomar té y comer pastelitos. Café Noir, el lugar más popular para los adultos mayores de treinta con dinero era el lugar de reunión. Por lo menos el de esta ocasión.
Me sentía tan ansiosa por descubrir cómo serían los maestros. Me imaginaba a unos viejos barbudos con capuchas o túnicas largas, al estilo Gandalf o Houdini. Y al final no fue así. Ni siquiera la “fiesta” era tan mística como en mi imaginación. Al llegar al lugar, la cafetería, me encontré con un puñado de personas muy normales, tomando café o té en mesas llenas de pastelitos, charlando de cosas normales, riendo y bromeando.
Jonah me tomo del brazo como si fuese su acompañante y no me opuse; probablemente porque no me di cuenta de lo aturdida que estaba. Mi ansiedad no disminuyo a pesar de la imagen tan pintoresca que se presentó ante mis ojos al abrir la puerta. Una mujer cantando en la esquina música suave e hipnótica, acompañada por un pianista talentoso. Probablemente uno de esos niños ricos de la escuela privada de la ciudad; aun vestía su uniforme de la escuela. Los demás con ropas normales o de oficina. Nada parecido a lo que cualquiera hubiera pensado como una reunión de magos ¿o eran brujos, hechiceros?
Jonah tomo la palabra al instante.
-Hermanos, les presento a los nuevos integrantes, - señalo a Erick con su mano extendida, muy caballerosamente. – Erick Luther, hijo del enterrador más famoso de la ciudad, - luego me señalo a mí de la misma forma. – y Rose Nightingale.
Todos aplaudieron y nos saludaron con un caluroso “bienvenidos sean”, al unísono.
Caminamos hacia una mesa con tres asientos vacíos. El único señor sentado en esa mesa no tenía pinta de mago ni nada parecido, pero se veía sabio e inteligente a la vez. Efectos de su edad supuse. Se levantó solo para mover mi silla como lo haría un caballero. ¿Les enseñaran modales aquí, en esta secta?
Saludo a Jonah con las manos y lo invito a sentarse. Se nos quedó viendo un buen rato antes de decir una palabra.
-Luther, Erick, aquí no necesitas de tus habilidades, no hay nada de que temer. – Su sonrisa era contagiosa. Muy cálida y confiable al igual que sus ojos. – Señorita Rose, lamento lo de sus padres. Eran una pareja tan amable.
Al escuchar eso lo recordé. Cabello negro, canoso; ojos verdes…
-Señor Ben. – lo único que se me ocurrió decir. Yo no sentía la muerte de mis padres, ya no.
-¿Y que los trae por aquí jóvenes?
Erick solo observaba. No movía ni un musculo, ni siquiera la vista. Nunca en mi vida lo había visto tan serio y tranquilo al mismo tiempo. Jonah por su parte era el mismo.
-Los traje para demostrar de que son capaces. Quieren unirse a nosotros.
-Pues veámoslo entonces. Comenzando con las damas. ¿Qué tiene preparado, señorita Rose?
Volví mi vista hacia Jonah, tal vez buscando su aprobación. Asintió con la cabeza y movió sus cejas empujándome a continuar. Lamentablemente no tenía nada preparado y dije lo primero que se me vino a la mente.
-Voy a desaparecer… - Esa me parecía la mejor opción, estaba vacía. – esa taza.
-Adelante.
Tome la taza en mis manos y pensé en desaparecerla, hacerla invisible o disolverla en el aire. Cualquier cosa estaba bien siempre y cuando ya no se pudiera ver. Y al instante en que esos pensamientos fueron lo único invadiendo mi cabeza la taza se disolvió como polvo en el aire, una pequeña mancha de humo y ya no estaba en mis manos. Ni el peso ni el volumen de la taza eran perceptibles.
-¿Sabe dónde está la taza, señorita Rose?
-Yo si se. – Erick se me adelanto, extendió la mano y la taza apareció en su palma. – Aquí la tiene señor.
-Impresionante. – Lo mismo pensé. No creí que Erick fuese capaz de hacer eso, todo este tiempo estuvo practicando como mejorar su habilidad de leer mentes. – Pero mi pregunta aún no ha sido respondida ¿Señorita?
-Está ahí, en la mesa.
Me sentí tan tonta con esa respuesta. Era claro que no era la respuesta que esperaba. Su sonrisa era casi burlona cuando dijo lo siguiente, como si estuviese reprendiéndome.
-La taza se convirtió en humo. Estaba en el aire porque no desapareció, siempre estuvo aquí. Debería saberlo, señorita Rose, de que no puede desaparecer objetos, es imposible. Esta simplemente cambio de estado haciéndola invisible para nuestros ojos.
Prácticamente me ridiculizo enfrente de Erick y Jonah.
-Ella aprendió a hacer eso ella sola. – dijo Jonah. – Es algo terca cuando se trata de enseñarle.
-Entiendo, sin embargo no es excusa. Para practicar magia deben saberse estas cosas o se convierte en una práctica peligrosa para las mentes impulsivas. Tenga eso en mente para la próxima, señorita Rose.
Asentí con la cabeza y hasta ahí. Ellos siguieron con su conversación pero no quise escucharlos. Tan ridiculizada como me sentía solo pensaba en irme. Veía a mí alrededor constantemente como quien busca una salida o una excusa para retirarse. Ese era mi objetivo supongo.
Me encerré en mis pensamientos como nunca lo había hecho. A cada segundo pensaba en lo infantil que era mi comportamiento, en que no debería estar aquí para empezar. Me desesperaba y agonizaba en mi interior mientras me auto criticaba. Y empecé a compararme con el calmado Erick sentado a mi derecha, y el alegre Jonah frente a mí. Más patética, más idiota a cada minuto. Era tan estúpido seguir aquí sintiéndome tan mal.
No fue hasta que escuche mi nombre en voz del señor Ben que regrese a la mesa.
-¿Señorita Rose?
-¿Diga?
-Conozco al hombre perfecto para una estudiante con tanto talento. Déjeme presentarla ante su nuevo tutor. Acompáñenme, por favor.
Nos levantamos todos de la mesa. El señor Ben me movió la silla nuevamente en la próxima mesa, pero esta vez solo me senté yo, los demás se fueron por su lado. Me quede sola con mi tutor:
-Vincent, - dijo el señor Ben a modo de presentación. – la señorita Rose será tu primera estudiante. Te la encargo mucho.
Nombre interesante para un chico que aparentaba veintidós o veintitrés años. Me extendió la mano y yo la recibí por inercia.
-Mucho gusto Rose, me llamo Vincent Valentine, ¿y tú?