domingo, 30 de septiembre de 2012

¡¡Acepto sugerencias para el nombre!!

Informare que ésta entrada es el proyecto que tanto he querido publicar desde que lo termino, ya que es el segundo proyecto que termino con exito. No tengo idea de que nombre ponerle, asi que por el momento aceptare sugerencias, y las recibire en facebook, twitter o aqui, en el blog, con fecha limite hasta el 31 de octubre. Es decir, que un solo nombre, de entre todos los sugeridos, será anunciado el 31 de octubre junto con el proyecto completo en descarga directa y quien sabe, tal vez incluso le ponga imagenes y cosas.
Espero disfruten este primer capitulo, recordandoles que subire uno cada dia hasta el 31 de octubre. Gracias por su atención.



Resumiré mi vida para que puedas entender mejor mi historia.
Mi padre murió cuando yo tenía cuatro años. Mi madre le siguió tres años después. Vivía con mi tía y abuela paternas, pero mi abuela murió cuando tenía diez, así que solo vivo con mi tía. Ella no es muy joven, y espero que muera pronto ya que eso es lo único que los adultos saben hacer. Mi familia, tanto materna como paterna, es adinerada y muy poco comunicativa. Los pocos familiares que tengo casi no hablan conmigo porque me compadecen, por ser la pobre niña que perdió a sus padres, la que les recuerda a sus difuntos hermanos o tíos.
Desde pequeña he cambiado mucho de escuelas. En kínder era la única sin amigos, por eso lo hice dos veces y de nada sirvió. La única amiga que hice en kínder murió asesinada. Trágico. En preparatoria hice una sola amiga, y me duro por mucho, antes de que me mudara con mi tía. Desde ese entonces estudie en una escuela para niños ricos, como mi padre siempre lo quiso.
Ahí pude hacer más amigos y me divertía. Con el tiempo me convertí en una persona popular. Todos conocían mi nombre y me saludaban, aunque yo no los conociera y estuviese en tercer grado, les saludaba igual. Estaba en boca de todos, ya fuera por mi personalidad, mi forma tan peculiar de vestir, o incluso las cosas que frecuentaba hacer. La popularidad no me importaba en realidad con tal de no ser molestada, y odiaba a los que molestaban a otros. En especial los que molestaban a él.
Erick Luther, el marginado de la escuela. Desde que llego a la escuela en cuarto grado es molestado por todos. Ni sus hermanos lo defienden por miedo a verse marginados también. Es por esto y otras cosas por las que no hizo amigos por todo un año hasta que yo le hable, echando a perder mi popularidad por un tiempo. Muchos pensaban que yo era genial por hablarle y ser su amiga, por ser tan sociable. Otros comenzaron a llamarme rara.
A Erick no le importaba ninguna cosa que no fuera el mismo. Se conformaba con estar vivo y le daba igual como lo llamaran o si le pegaban o molestaban. Tenía notas tan excelentes como las mías en los exámenes, pero casi nunca cumplía con las tareas ni trabajaba en clases. Teníamos tanto en común que fue una de las razones por las que me arme de valor un día, y golpee a uno de los chicos que lo molestaban. Desde ese entonces somos muy amigos. O más bien, soy su única amiga.
Ahora estoy en segundo de bachillerato, tengo dos amigas y a Erick. Aún vivo con mi tía de 56 años en una casa enorme y vacía. Estudio en el mismo colegio para niños ricos y puedo graduarme con honores. Sigo siendo muy popular y muy odiada a la vez. Pero muchas cosas han cambiado, como sucede con todos.
Una de esas cosas es que me he enamorado de mi mejor amigo pero éste aun no lo sabe.

Capítulo 1
-Tengo Frio. – fue lo primero que dije desde que empezamos a caminar.
-Sabias que veníamos hasta acá, a estas horas y no has traído suéter. – Erick seguía viendo al frente, concentrado en llegar a nuestro destino. Comenzó a quitarse su chaqueta y me la ofreció sin mirarme. – Póntela o te vas a enfermar.
-Perdóname por quitártela. Es solo que no imagine que fuera a hacer frio hoy.
El camino al cementerio era largo, y a las dos de la madrugada ya no había transporte público. Caminar tres kilómetros con Erick, aunque él no volteara a verme, se sentía tan romántico. Cuando lo propuso no me negué y ahora estaba un poco arrepentida. El cementerio ya era visible y con cada paso aumentaba mi inseguridad.
Erick siempre hace cosas extrañas y me arrastra en sus aventuras. Bastó con decir “¿Quieres hacer algo extremo y divertido mañana?”, para que yo le dijera que si como una tonta enamorada. Siempre hace lo mismo y siempre digo que sí. Ya sea un concierto de rock pesado, una búsqueda del tesoro, pasar en su habitación por horas investigando cosas raras por internet, clubes de libros, películas de terror… él nunca me dice de que se trata hasta que ya estamos ahí. Ya no me sorprende su actitud.
Esta vez íbamos tan callados como siempre antes de una nueva aventura. El seguramente con la mente en blanco, yo pensando en cuanto me gusta su forma de ser, su cabello, sus ojos, su…
-¿Dónde está el vigilante? – dije cuando salí de mi trance.
- Él nunca está a esta hora. – saco su llave maestra del bolsillo de su pantalón y se dispuso a abrir la puerta. Una vez abierta la sostuvo, volvió su mirada hacia a mí, y con su sonrisa de satisfacción dijo: - ¿Damas primero? ¿O mejor no? Es un poco confuso ya que irrumpimos en un cementerio.
-Mejor tu primero.
Entramos a la oscuridad del cementerio. Erick me tendió la mano y al instante comprendí que quería algo de la chaqueta. Busque hasta que me topé con una linterna pequeña y se la entregue. Cerró la puerta y fuimos a sentarnos en una banca que estaba cerca. Él comenzó a buscar en su mochila con la linterna en la boca, (no podía dejar de pensar que se veía tan lindo de esa forma) sacaba muchas cosas: linternas más grandes, mascarillas, guantes de látex…
-¿Qué vamos a hacer hoy, Cerebro? – pregunté.
-Vamos a la parte extrema de la aventura. A buscar huesos.
-Esa es la parte extrema, y la divertida es… - Esa sonrisa suya de “espera y veras” me encanta. Lo sé, estoy loca. Pero todos los enamorados son así ¿o no? – No vamos a desenterrar nada ¿verdad?
-Nos tomaría horas. Y no trajimos palas para empezar. Vamos directo a la huesera a buscar nuestros huesos.
-Asco. He estado ahí; apesta y es pegajoso.
Se me quedo viendo con una cara de extrañez por un buen rato. Yo le devolví la expresión por que no entendía su motivación. Simplemente había una pregunta en su rostro que era muy difícil de formular.
-¿Quién más te obliga a hacer cosas raras además de mí? – me pregunto. Luego, esa sonrisa de saber lo que pensaba regreso a su cara. – No importa. No creo que sean más divertidos que yo. Vámonos.
La huesera apestaba igual o peor que la última vez que la visite. Era el lugar en donde se tiraban los huesos de los ataúdes que se sacaban de los espacios a desocupar. Si el ataúd aun tenia restos de carne humana, simplemente los metían en bolsas; pero todo eso iba a parar aquí. Lo que uno podría pensar es simple lodo en realidad no lo es. Tampoco quieres pensar mucho en ello después de un tiempo.
Me coloque la mascarilla y la asegure bien. Luego los guantes. Me prepare psicológicamente para bajar los diez escalones de la huesera y empezar a buscar. Erick, por supuesto, fue el primero en bajar con la linterna en mano.
Lo primero que buscamos fue un radio. Debía ser fuerte, grueso y suficientemente limpio como para no dar asco. En este lugar es un poco difícil encontrar algo tan específico como eso, considerando que todo lo que llega a parar aquí se convierte en lodo. Encontrado el radio nos faltaba un cúbito, un cráneo, y si podíamos encontrar una mano seriamos afortunados. Es aquí cuando el plan comenzaba a preocuparme.
-¿Para que los necesitamos? – pregunte después de haber encontrado el cúbito.
-Encontré la mano. – Y me mostro una mano encarnada y con gusanos. Quede estupefacta y asqueada a la vez. - ¿dijiste algo?
-Salgamos ya, por favor.
Salí corriendo de ahí con los huesos en una bolsa. Definitivamente no quería tocarlo, ni siquiera con guantes. Erick no estaba ni asqueado o asustado, más bien estaba tan feliz de su hallazgo. Le sacudió los gusanos y le admiraba como si fuese una pieza de arte muy hermosa. De solo verlo quería vomitar.
Él está más acostumbrado a la muerte que yo. Su padre es dueño de una de las tres funerarias de la ciudad. He visto a Erick con delantales blancos empapados en sangre, con una sonrisa en sus labios y un escalpelo en la mano. Horroroso, incluso tratándose de él.
-¿Para que los necesitamos? – pregunte de nuevo, más calmada ahora.
-Vamos a hacerle una broma a alguien.
Me arrebato la bolsa con los huesos, introdujo la mano en ella y caminamos a la entrada de nuevo. Erick se metió a la cabina del vigilante y salió con una botella de lejía y otra con detergente. Cerca de ahí había un pozo con agua que se usaba para lavarse o para los floreros con flores naturales. Nos lavamos las manos con los guantes antes de quitárnoslos y tirarlos en el basurero. Nos lavamos dos veces más y espere por las siguientes instrucciones.
Admire las estrellas en el cielo, que son  tan difíciles de ver en la ciudad con tantos faros; el brillo de las estatuas en algunos mausoleos, tan blancos… y me sentí observada.
Erick estaba viéndome fijamente. Sonriendo. Me pregunte porque siempre está de buen humor.
-Hace dos días estuve en el funeral de la abuela de Brian. – Uno de los tantos que aún lo molestan. – Tuve que cargar con ese pesado ataúd hasta las tumbas del fondo, porque la carroza no llega hasta ahí. El muy hijo de perra tuvo el descaro de hacerme zancadilla y el ataúd se me cayó. – volvió a ver las tumbas delante de nosotros. – El visita a diario esa tumba antes de ir a la escuela y pensaba poner los huesos ahí, y un pequeño mensaje con grafiti.
-Esa es la parte divertida. Me parece bien.
Era raro que el deseara tomar venganza. Solo lo hacía si se trataba de algo que no tenía que ver con el directamente. Al provocar la caída del ataúd no solo afectaba físicamente a Erick, sino también hacia ver como incompetentes a los empleados fúnebres. Era justo que le gastara una pequeña broma a ese tonto.
Caminamos al fondo del cementerio, donde se encuentran los mausoleos más viejos y las tumbas comunales. Al llegar a la tumba de la señora Fallaci comprendí lo tanto que tuvo que caminar Erick con el pesado ataúd encima. Brian me las pagaría a mí también en la escuela.
Erick abrió la puerta del mausoleo, pego los huesos a modo que pareciera que un cadáver salía de ahí arrastrándose. Se veía tan escalofriante que por un momento me pareció real.
-¿Me harías el honor de bautizar nuestra obra? – Me entrego el spray de pintura. Era rojo sangre, perfecto.
Escribí lo primero que se me ocurrió: “Te esperamos mi querido Brian” y le di un efecto de sangre corrida. No paraba de reír por la travesura. Hay algo de divertido en hacer lo prohibido ¿no creen?
-No está mal. Es mi turno.
Le entregue la lata y fui a sentarme en una tumba que estaba cerca. Erick completo mi frase con un “en el infierno” muy marcado y artístico. Se sentó a mi lado y admiramos nuestro trabajo, entre risas, comentando como se verá la cara de Brian cuando lo vea.
Ya eran las cuatro de la madrugada en su reloj, hora de irnos. Caminamos de regreso muy callados. A los dos se nos da bien el silencio y una vez lo platicamos. Recuerdo que él me dijo que no importaba si había silencio alrededor, porque a veces no se necesita el sonido para conversar; con esa eterna sonrisa en su rostro.
No pude evitar sentirme observada de nuevo.
-Tú también lo sientes ¿verdad? – dijo Erick. Seguimos caminando, ahora un poco más deprisa. – mejor corramos, pueden haber otras personas cerca.
Corrimos lo más rápido que podíamos. Grite al ver una figura blanca que desaparecía en un mausoleo y me caí. Afortunadamente Erick detuvo mi caída. Veía fijamente a mis espaldas como si lo que veía era algo peor que un fantasma.
-Rox, corramos ¡ahora! – me levanto rápidamente, tomo mi mano y nos echamos a correr.
No pude ver lo que había a mis espaldas pero debía ser algo muy malo. Erick me empujo dentro de un mausoleo enorme, cerró la puerta y le puso cerrojo. Antes de que lo hiciera vi de qué estábamos huyendo.
Zombis. Toda una horda de ellos se levantaba y corrían hacia nosotros.
-Es imposible. – pensé en voz alta. Estaba paralizada del miedo. Caí sentada al suelo y no podía moverme. El pánico era tan grande… quería llorar pero no podía. Algo no me dejaba. - ¿Qué vamos a hacer?
Justo en ese momento se escucharon fuertes golpes del otro lado de la puerta. La estaban golpeando. Estábamos rodeados. Por suerte la puerta era metálica, pero con tanto golpe no soportaría por mucho. Erick se recostó en la puerta sentado frente a mí, pensando. No se veía asustado sino más bien desconcertado, en busca de respuestas. Eso me hizo sentir a salvo y me saco de mi estupor pero, cuando vi sus ojos… estaba en paz. Incluso el ruido de la puerta era más suave. Aunque en mi mente algo me decía que nada estaba bien.

2 comentarios:

  1. juuummm... la personalidad de Erick es rara.... aunque simpatiza... y sus sonrisas me las imagino tan lindas x'D
    aunque.... Zombis!?? o.O

    ResponderEliminar
  2. Pues esto va para largo y pasan un chingo de cosas, es un solo desmadre XD vos segui ahi leyendo que ni se como es que tendria fin esta cosa... Alan dice bitch ¬¬ pero no a vos XD

    ResponderEliminar