miércoles, 3 de octubre de 2012

Capítulo 4



Capítulo 4
Esa noche Jonah nos acompañó al cementerio. Admitió saber algo de ello, pero no nos dijo más. Insistió en acompañarnos y que repitiéramos exactamente lo que habíamos hecho la noche de los zombis.
Se le veía tan emocionado. Erick también lo estaba. A mí, ambos me daban miedo.
-Entonces empezaron a perseguirnos y quedamos encerrados en un mausoleo por dos horas. – terminada mi explicación de los hechos solo nos restaba esperar.
-Eso no tiene sentido. – Respondió Jonah. - ¿Seguros de que no hicieron algo más? No oculten nada. Difícilmente un grafiti es considerado un conjuro así que… creo que me entienden.
-¿Y que con tus dibujos? – le pregunto Erick.
-Un trato es un trato. Ustedes me muestran al menos un zombi, y yo les digo lo que se.
La hora zombi, como le llamábamos, llego. Hicimos todo como la primera vez, al menos tres veces. Nada.
Erick se impaciento y se fue a caminar sin decirnos nada. Cuando intente seguirlo me mostro la mano y dijo “No me sigan”. Y así desapareció en la oscuridad del cementerio. A mi empezaba a darme sueño.
-El grafiti les quedo bien. – comento Jonah una vez nos sentamos frente a la tumba víctima de nuestra broma. – En serio ¿No hicieron nada más?
-Nada más. Se nos aparecieron de pronto y en la mañana desaparecieron.
-Y después de un ataque masivo de zombis ¿regresaron? Son una pareja de locos. ¿Crees que tu novio regrese?
Esa pregunta me tomo desprevenida. Me sonroje al instante imagino, y me tarde en contestar.
-No es mi novio.
-Pero te gusta. – Y Jonah puso una sonrisa de “Te atrape”. – No te culpo. Un rubio alto y bonito como él se consigue a cualquiera aunque se un freak de mierda. – Jonah, Jonah. Me imaginaba que era un bromista pero ¿Con alguien que apenas conoces? Lo digo porque empezó a bromear de forma sarcástica conmigo. – Esos ojos grises, y esas nalgas bonitas ¿se las has tocado?
Me reía a carcajadas después de oír eso. Solo de imaginármelo me sonrojaba más y me reía más.
-No, no se las he tocado.
-Pero quieres ¿a qué no? – Jonah compartía mis risas. Se ve que bromear es parte de su naturaleza y se le da bien. Si lo hubiese conocido antes seguramente seriamos buenos amigos ahora. - ¿Por qué no se lo dices? Que le quieres tocar el culo, digo.
-Empiezo a pensar que eres tu quien quiere hacerlo.
-Ya se. Apostemos a quien lo hace primero ¿Te atreves? Porque yo sí.
-¿Y qué vamos a apostar?
-Que sea una sorpresa. ¿Lo harás?
-Pues… - Y justo en ese instante sentí una respiración en mi cuello…
-Dile, yo también me muero por saber. – susurro Erick a mis espaldas.
Grite del susto que me había dado y me levante de un brinco. Los dos se estaban riendo a carcajadas de mi exagerada reacción. Cómo los odio.
-No es gracioso pedazos de…
Los zombis aparecieron de todas partes, y pude ver cómo es que aparecían de la nada. No como en las películas que se levantan de las tumbas. Me paralice del miedo al ver como se acercaban lentamente a nosotros. Erick estaba alerta buscando una vía de escape. Y Jonah estaba… feliz. Se sacó un papel de la chaqueta y empezó a recitar versos en otro idioma. Luego dibujo una especie de cuadricula con letras dentro de cada cuadro con un lápiz sobre el papel mientras recitaba los versos.
Y los zombis desaparecieron.
-¿Nunca les han dicho que los gritos despiertan a los muertos? Pero no cualquier grito puede hacerlo de ese modo. – Jonah tenía una sonrisa tan amplia. Escalofriante. – Presiento que vamos a ser buenos amigos, Rose.
-¿Qué acaba de pasar? – pregunto Erick, tan confundido como yo, pero menos asustado (nada asustado)
-Tienen que venir conmigo a un lugar… ahí les puedo explicar mejor. Por ahora no diré nada. No puedo.
Me desplome al suelo temblando. Algo no se sentía bien cuando se desvanecieron… estaba débil y después ya no. De todas formas me desmaye.
Cuando desperté ya era de día y estaba en la cama de Erick, con Erick y Jonah a los lados. Me levante a bañarme sin despertarlos. Era sábado y no quería que me vieran salir. No quería hablar con ninguno de los dos, de nada, con nadie.
Mi tía apenas y se preocupó cuando llegue a casa. Comí el desayuno y me fui a ver televisión para despejar la mente. Y como me temí, las llamadas llegaron al instante. Erick preguntando por mí, mi tía diciéndole que estaba en casa y a salvo y yo, escapándome por la puerta para no tener que verlo. Estaba más que segura de que se aparecería por la casa.
No sabía exactamente como me sentía. Era desesperante no saberlo y doloroso a la vez. Me fui a la biblioteca a leer libros. Lo necesitaba por alguna razón.
Grave error el que cometí. Nadie piensa que puede encontrarse con un traficante de drogas en la biblioteca, pero pasa. Aunque fue más bien que él me encontró a mí.
-Tenemos que hablar de algo, Rose. – Ya que no podía evitarlo, deje que Jonah me guiara a una sección de la biblioteca: Esoterismo.
Tomó un montón de libros, los compro y nos fuimos de ahí a casa de Erick. Todo me sonaba tan fastidioso en ese momento. Vivir era fastidioso. Por sorpresa y capricho de Jonah nos detuvimos en una cafetería y él me invito a un capuchino con moca. Estaba delicioso y amargo a la perfección. Me sentí reanimada con eso, como si me estuviese curando de una terrible resaca.
Me di cuenta de repente de lo que hacía. Habíamos hecho un nuevo amigo en cuestión de un día. Un amigo que me invitaba café, al que acompañe a comprar libros, y con el que iba a visitar a nuestro otro amigo. Era tan… extraño. Tan placentero.
-Detente. – Me detuvo poniendo su mano en mi hombro, acercándoseme tanto a la cara que me sonroje. – Tú y yo tenemos un reto pendiente. Ahora si tengo una buena recompensa.
-¿Qué vas a ofrecerme?
-Una confesión. Si lo haces te confieso algo, si no lo haces debes confesarle a Erick que te gusta. Así de simple. Sé que dirás que si ¿sabes por qué? Porque puedo ver la codicia de tu curiosidad en esos bonitos ojos café. ¿Te parece bien mi oferta?
No puedo creer que vaya a hacerlo. Si dije que si no me echare para atrás, no soy así. Por eso cuando entramos a la casa y al ver a Erick abrir la puerta de su cuarto no le di chance a Jonah de ganarme. Como acordamos en los términos de la apuesta, le agarre la nalga derecha a Erick de forma descarada y lasciva. Jonah se carcajeaba de lo lindo y rodaba en el piso de la risa. Erick abrió los ojos como platos y se me quedo viendo raro. Luego se enojó y se sacó un billete de veinte dólares del bolsillo. Se lo tiro a Jonah en el piso y entro sin decir nada.
-No pensé que fueras a hacerlo de verdad, eres un gatito que moriría por la curiosidad ¿eh, Rose? – Se levantó del suelo con un poco de dificultad. Se seguía riendo a carcajadas con su billete nuevo. Cerró la puerta del cuarto de una patada y quedamos solos en el pasillo. Jonah no conoce el espacio personal, aparentemente, porque se acercó peligrosamente a mi oído de nuevo para susúrrame. – Aquí tienes tu premio, y solo por ser tú y por haberme hecho reír tanto, te confesare dos cosas. Uno, ¿sabías que me gustas desde el séptimo grado? Y dos, no te lo vas a creer así que tendré que demostrártelo pero…
Y se alejó, solo un poco, para aumentar la expectativa supongo, o tal vez por diversión, y volvió a acercarse como antes.
-Erick, querida, puede leer mentes desde hace mucho, mucho tiempo. Discúlpame por ser el culpable de que lo marginaran todos estos años ¿sí?
La primera confesión me dejo pasmada y sin saber que decir. La segunda fue una puñalada muy dolorosa, y dio comienzo a una serie de pensamientos erráticos que me hundían cada vez más en el sentimiento de esta mañana. ¿Erick sabe todo lo que he estado pensando todos estos años?
Odio a Jonah.

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