Capítulo
4
Esa
noche Jonah nos acompañó al cementerio. Admitió saber algo de ello, pero no nos
dijo más. Insistió en acompañarnos y que repitiéramos exactamente lo que
habíamos hecho la noche de los zombis.
Se
le veía tan emocionado. Erick también lo estaba. A mí, ambos me daban miedo.
-Entonces
empezaron a perseguirnos y quedamos encerrados en un mausoleo por dos horas. –
terminada mi explicación de los hechos solo nos restaba esperar.
-Eso
no tiene sentido. – Respondió Jonah. - ¿Seguros de que no hicieron algo más? No
oculten nada. Difícilmente un grafiti es considerado un conjuro así que… creo
que me entienden.
-¿Y
que con tus dibujos? – le pregunto Erick.
-Un
trato es un trato. Ustedes me muestran al menos un zombi, y yo les digo lo que
se.
La
hora zombi, como le llamábamos, llego. Hicimos todo como la primera vez, al
menos tres veces. Nada.
Erick
se impaciento y se fue a caminar sin decirnos nada. Cuando intente seguirlo me
mostro la mano y dijo “No me sigan”. Y así desapareció en la oscuridad del
cementerio. A mi empezaba a darme sueño.
-El
grafiti les quedo bien. – comento Jonah una vez nos sentamos frente a la tumba
víctima de nuestra broma. – En serio ¿No hicieron nada más?
-Nada
más. Se nos aparecieron de pronto y en la mañana desaparecieron.
-Y
después de un ataque masivo de zombis ¿regresaron? Son una pareja de locos.
¿Crees que tu novio regrese?
Esa
pregunta me tomo desprevenida. Me sonroje al instante imagino, y me tarde en
contestar.
-No
es mi novio.
-Pero
te gusta. – Y Jonah puso una sonrisa de “Te atrape”. – No te culpo. Un rubio
alto y bonito como él se consigue a cualquiera aunque se un freak de mierda. –
Jonah, Jonah. Me imaginaba que era un bromista pero ¿Con alguien que apenas
conoces? Lo digo porque empezó a bromear de forma sarcástica conmigo. – Esos
ojos grises, y esas nalgas bonitas ¿se las has tocado?
Me
reía a carcajadas después de oír eso. Solo de imaginármelo me sonrojaba más y
me reía más.
-No,
no se las he tocado.
-Pero
quieres ¿a qué no? – Jonah compartía mis risas. Se ve que bromear es parte de
su naturaleza y se le da bien. Si lo hubiese conocido antes seguramente
seriamos buenos amigos ahora. - ¿Por qué no se lo dices? Que le quieres tocar
el culo, digo.
-Empiezo
a pensar que eres tu quien quiere hacerlo.
-Ya
se. Apostemos a quien lo hace primero ¿Te atreves? Porque yo sí.
-¿Y
qué vamos a apostar?
-Que
sea una sorpresa. ¿Lo harás?
-Pues…
- Y justo en ese instante sentí una respiración en mi cuello…
-Dile,
yo también me muero por saber. – susurro Erick a mis espaldas.
Grite
del susto que me había dado y me levante de un brinco. Los dos se estaban
riendo a carcajadas de mi exagerada reacción. Cómo los odio.
-No
es gracioso pedazos de…
Los
zombis aparecieron de todas partes, y pude ver cómo es que aparecían de la
nada. No como en las películas que se levantan de las tumbas. Me paralice del
miedo al ver como se acercaban lentamente a nosotros. Erick estaba alerta
buscando una vía de escape. Y Jonah estaba… feliz. Se sacó un papel de la
chaqueta y empezó a recitar versos en otro idioma. Luego dibujo una especie de
cuadricula con letras dentro de cada cuadro con un lápiz sobre el papel
mientras recitaba los versos.
Y
los zombis desaparecieron.
-¿Nunca
les han dicho que los gritos despiertan a los muertos? Pero no cualquier grito
puede hacerlo de ese modo. – Jonah tenía una sonrisa tan amplia. Escalofriante.
– Presiento que vamos a ser buenos amigos, Rose.
-¿Qué
acaba de pasar? – pregunto Erick, tan confundido como yo, pero menos asustado
(nada asustado)
-Tienen
que venir conmigo a un lugar… ahí les puedo explicar mejor. Por ahora no diré
nada. No puedo.
Me
desplome al suelo temblando. Algo no se sentía bien cuando se desvanecieron…
estaba débil y después ya no. De todas formas me desmaye.
Cuando
desperté ya era de día y estaba en la cama de Erick, con Erick y Jonah a los
lados. Me levante a bañarme sin despertarlos. Era sábado y no quería que me
vieran salir. No quería hablar con ninguno de los dos, de nada, con nadie.
Mi
tía apenas y se preocupó cuando llegue a casa. Comí el desayuno y me fui a ver
televisión para despejar la mente. Y como me temí, las llamadas llegaron al
instante. Erick preguntando por mí, mi tía diciéndole que estaba en casa y a
salvo y yo, escapándome por la puerta para no tener que verlo. Estaba más que
segura de que se aparecería por la casa.
No
sabía exactamente como me sentía. Era desesperante no saberlo y doloroso a la
vez. Me fui a la biblioteca a leer libros. Lo necesitaba por alguna razón.
Grave
error el que cometí. Nadie piensa que puede encontrarse con un traficante de
drogas en la biblioteca, pero pasa. Aunque fue más bien que él me encontró a
mí.
-Tenemos
que hablar de algo, Rose. – Ya que no podía evitarlo, deje que Jonah me guiara
a una sección de la biblioteca: Esoterismo.
Tomó
un montón de libros, los compro y nos fuimos de ahí a casa de Erick. Todo me
sonaba tan fastidioso en ese momento. Vivir era fastidioso. Por sorpresa y
capricho de Jonah nos detuvimos en una cafetería y él me invito a un capuchino
con moca. Estaba delicioso y amargo a la perfección. Me sentí reanimada con
eso, como si me estuviese curando de una terrible resaca.
Me
di cuenta de repente de lo que hacía. Habíamos hecho un nuevo amigo en cuestión
de un día. Un amigo que me invitaba café, al que acompañe a comprar libros, y
con el que iba a visitar a nuestro otro amigo. Era tan… extraño. Tan
placentero.
-Detente.
– Me detuvo poniendo su mano en mi hombro, acercándoseme tanto a la cara que me
sonroje. – Tú y yo tenemos un reto pendiente. Ahora si tengo una buena
recompensa.
-¿Qué
vas a ofrecerme?
-Una
confesión. Si lo haces te confieso algo, si no lo haces debes confesarle a
Erick que te gusta. Así de simple. Sé que dirás que si ¿sabes por qué? Porque
puedo ver la codicia de tu curiosidad en esos bonitos ojos café. ¿Te parece
bien mi oferta?
No
puedo creer que vaya a hacerlo. Si dije que si no me echare para atrás, no soy
así. Por eso cuando entramos a la casa y al ver a Erick abrir la puerta de su
cuarto no le di chance a Jonah de ganarme. Como acordamos en los términos de la
apuesta, le agarre la nalga derecha a Erick de forma descarada y lasciva. Jonah
se carcajeaba de lo lindo y rodaba en el piso de la risa. Erick abrió los ojos
como platos y se me quedo viendo raro. Luego se enojó y se sacó un billete de veinte
dólares del bolsillo. Se lo tiro a Jonah en el piso y entro sin decir nada.
-No
pensé que fueras a hacerlo de verdad, eres un gatito que moriría por la
curiosidad ¿eh, Rose? – Se levantó del suelo con un poco de dificultad. Se
seguía riendo a carcajadas con su billete nuevo. Cerró la puerta del cuarto de
una patada y quedamos solos en el pasillo. Jonah no conoce el espacio personal,
aparentemente, porque se acercó peligrosamente a mi oído de nuevo para
susúrrame. – Aquí tienes tu premio, y solo por ser tú y por haberme hecho reír
tanto, te confesare dos cosas. Uno, ¿sabías que me gustas desde el séptimo
grado? Y dos, no te lo vas a creer así que tendré que demostrártelo pero…
Y
se alejó, solo un poco, para aumentar la expectativa supongo, o tal vez por diversión,
y volvió a acercarse como antes.
-Erick,
querida, puede leer mentes desde hace mucho, mucho tiempo. Discúlpame por ser
el culpable de que lo marginaran todos estos años ¿sí?
La
primera confesión me dejo pasmada y sin saber que decir. La segunda fue una
puñalada muy dolorosa, y dio comienzo a una serie de pensamientos erráticos que
me hundían cada vez más en el sentimiento de esta mañana. ¿Erick sabe todo lo
que he estado pensando todos estos años?
Odio
a Jonah.
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