Capítulo
7
Ya
se ha hecho habitual para mi tía esto de mis salidas nocturnas. Ya ni siquiera
pregunta a donde voy porque supone que estoy todo el tiempo con Erick. A veces
llego a pensar que debe verlo como mi novio o algo así. Ya quisiera yo.
Fuimos
al cementerio…
-¿No
se supone que íbamos a una fiesta? – Pregunto Erick.
-Sí.
Aquí es la fiesta. – Respondió Jonah con su habitual sonrisa de “te pille”. –
Voy a presentarlos con los maestros hoy. Recuerden lo que han aprendido en
estas semanas.
Nos
detuvimos cerca de un mausoleo pequeño donde solo cabría uno de nosotros parado
e incómodo. No tenía puerta, ni decorados, ni flores; nada que pudiera
distinguirlo de todos los mausoleos blancos que había alrededor.
Jonah
se acercó a este mausoleo simple, se agacho, levanto una baldosa del suelo y…
había un cerrojo en el suelo. Se sacó un juego de llaves del bolsillo de su
chaqueta y al meter la llave, y girarla, note que el resto del suelo del
mausoleo era de madera muy bien camuflada. Prosiguió a levantar el suelo de
madera. Lo único que había debajo de esta tapa era una bolsa plástica enterrada
en la tierra, con un papel doblado adentro.
El
papel tenía escrita una dirección no muy lejos del cementerio.
-Aquí
es a dónde vamos. - Jonah extendió el
papel para que lo viéramos bien. – ¿Alguno sabe dónde es esto? Porque yo no.
-Es
a dos calles de aquí. – Erick si conocía toda la ciudad mucho mejor que yo. Yo
solo sabía que estaba cerca porque mi tía me lo dijo una vez.
Caminar
no era un problema pero si era tedioso. Es lo malo de no tener auto. Jamás me
imagine que un montón de aficionados de la magia se reunieran en una cafetería
cualquiera a tomar té y comer pastelitos. Café Noir, el lugar más popular para
los adultos mayores de treinta con dinero era el lugar de reunión. Por lo menos
el de esta ocasión.
Me
sentía tan ansiosa por descubrir cómo serían los maestros. Me imaginaba a unos
viejos barbudos con capuchas o túnicas largas, al estilo Gandalf o Houdini. Y
al final no fue así. Ni siquiera la “fiesta” era tan mística como en mi
imaginación. Al llegar al lugar, la cafetería, me encontré con un puñado de
personas muy normales, tomando café o té en mesas llenas de pastelitos,
charlando de cosas normales, riendo y bromeando.
Jonah
me tomo del brazo como si fuese su acompañante y no me opuse; probablemente
porque no me di cuenta de lo aturdida que estaba. Mi ansiedad no disminuyo a
pesar de la imagen tan pintoresca que se presentó ante mis ojos al abrir la
puerta. Una mujer cantando en la esquina música suave e hipnótica, acompañada
por un pianista talentoso. Probablemente uno de esos niños ricos de la escuela
privada de la ciudad; aun vestía su uniforme de la escuela. Los demás con ropas
normales o de oficina. Nada parecido a lo que cualquiera hubiera pensado como
una reunión de magos ¿o eran brujos, hechiceros?
Jonah
tomo la palabra al instante.
-Hermanos,
les presento a los nuevos integrantes, - señalo a Erick con su mano extendida,
muy caballerosamente. – Erick Luther, hijo del enterrador más famoso de la
ciudad, - luego me señalo a mí de la misma forma. – y Rose Nightingale.
Todos
aplaudieron y nos saludaron con un caluroso “bienvenidos sean”, al unísono.
Caminamos
hacia una mesa con tres asientos vacíos. El único señor sentado en esa mesa no
tenía pinta de mago ni nada parecido, pero se veía sabio e inteligente a la
vez. Efectos de su edad supuse. Se levantó solo para mover mi silla como lo
haría un caballero. ¿Les enseñaran modales aquí, en esta secta?
Saludo
a Jonah con las manos y lo invito a sentarse. Se nos quedó viendo un buen rato
antes de decir una palabra.
-Luther,
Erick, aquí no necesitas de tus habilidades, no hay nada de que temer. – Su
sonrisa era contagiosa. Muy cálida y confiable al igual que sus ojos. –
Señorita Rose, lamento lo de sus padres. Eran una pareja tan amable.
Al
escuchar eso lo recordé. Cabello negro, canoso; ojos verdes…
-Señor
Ben. – lo único que se me ocurrió decir. Yo no sentía la muerte de mis padres,
ya no.
-¿Y
que los trae por aquí jóvenes?
Erick
solo observaba. No movía ni un musculo, ni siquiera la vista. Nunca en mi vida
lo había visto tan serio y tranquilo al mismo tiempo. Jonah por su parte era el
mismo.
-Los
traje para demostrar de que son capaces. Quieren unirse a nosotros.
-Pues
veámoslo entonces. Comenzando con las damas. ¿Qué tiene preparado, señorita
Rose?
Volví
mi vista hacia Jonah, tal vez buscando su aprobación. Asintió con la cabeza y
movió sus cejas empujándome a continuar. Lamentablemente no tenía nada
preparado y dije lo primero que se me vino a la mente.
-Voy
a desaparecer… - Esa me parecía la mejor opción, estaba vacía. – esa taza.
-Adelante.
Tome
la taza en mis manos y pensé en desaparecerla, hacerla invisible o disolverla
en el aire. Cualquier cosa estaba bien siempre y cuando ya no se pudiera ver. Y
al instante en que esos pensamientos fueron lo único invadiendo mi cabeza la
taza se disolvió como polvo en el aire, una pequeña mancha de humo y ya no
estaba en mis manos. Ni el peso ni el volumen de la taza eran perceptibles.
-¿Sabe
dónde está la taza, señorita Rose?
-Yo
si se. – Erick se me adelanto, extendió la mano y la taza apareció en su palma.
– Aquí la tiene señor.
-Impresionante.
– Lo mismo pensé. No creí que Erick fuese capaz de hacer eso, todo este tiempo
estuvo practicando como mejorar su habilidad de leer mentes. – Pero mi pregunta
aún no ha sido respondida ¿Señorita?
-Está
ahí, en la mesa.
Me
sentí tan tonta con esa respuesta. Era claro que no era la respuesta que
esperaba. Su sonrisa era casi burlona cuando dijo lo siguiente, como si
estuviese reprendiéndome.
-La
taza se convirtió en humo. Estaba en el aire porque no desapareció, siempre
estuvo aquí. Debería saberlo, señorita Rose, de que no puede desaparecer
objetos, es imposible. Esta simplemente cambio de estado haciéndola invisible
para nuestros ojos.
Prácticamente
me ridiculizo enfrente de Erick y Jonah.
-Ella
aprendió a hacer eso ella sola. – dijo Jonah. – Es algo terca cuando se trata
de enseñarle.
-Entiendo,
sin embargo no es excusa. Para practicar magia deben saberse estas cosas o se
convierte en una práctica peligrosa para las mentes impulsivas. Tenga eso en
mente para la próxima, señorita Rose.
Asentí
con la cabeza y hasta ahí. Ellos siguieron con su conversación pero no quise
escucharlos. Tan ridiculizada como me sentía solo pensaba en irme. Veía a mí
alrededor constantemente como quien busca una salida o una excusa para
retirarse. Ese era mi objetivo supongo.
Me
encerré en mis pensamientos como nunca lo había hecho. A cada segundo pensaba
en lo infantil que era mi comportamiento, en que no debería estar aquí para
empezar. Me desesperaba y agonizaba en mi interior mientras me auto criticaba.
Y empecé a compararme con el calmado Erick sentado a mi derecha, y el alegre
Jonah frente a mí. Más patética, más idiota a cada minuto. Era tan estúpido
seguir aquí sintiéndome tan mal.
No
fue hasta que escuche mi nombre en voz del señor Ben que regrese a la mesa.
-¿Señorita
Rose?
-¿Diga?
-Conozco
al hombre perfecto para una estudiante con tanto talento. Déjeme presentarla
ante su nuevo tutor. Acompáñenme, por favor.
Nos
levantamos todos de la mesa. El señor Ben me movió la silla nuevamente en la
próxima mesa, pero esta vez solo me senté yo, los demás se fueron por su lado.
Me quede sola con mi tutor:
-Vincent,
- dijo el señor Ben a modo de presentación. – la señorita Rose será tu primera
estudiante. Te la encargo mucho.
Nombre
interesante para un chico que aparentaba veintidós o veintitrés años. Me
extendió la mano y yo la recibí por inercia.
-Mucho
gusto Rose, me llamo Vincent Valentine, ¿y tú?
Vincent Valentine tiene toooda mi atencion!! x3
ResponderEliminarNo digo pues, vos y tus gustos XD
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