Capítulo
3
En
mi casa me sentí peor acerca de mi decisión pero lo deje estar. Vi televisión,
hice mis tareas y me fui a mi habitación. Estaba tan ansiosa que empecé a
limpiar cada centímetro de mi cuarto.
-Algo
te preocupa, Rose. – Dijo mi tía que estaba apoyada en el marco de la puerta
observando a mis frustraciones actuar. - ¿Me vas a decir que te pasa?
-Es
solo que pelee con Erick, nada importante.
-¿Y
eso por qué fue?
-No
quiero hablar de eso.
-Me
parece bien que peleen. – Deje lo que estaba haciendo para verla ¿Qué fue lo
que dijo? – No me mires así, no me gusta. Dije que me parece bien que se hayan
peleado. Nunca había pasado antes y es conciliador, el saber que ese niño es
tan humano como los demás.
-No
entiendo.
Mi
tía me hablaba en chino en ese momento, y eso que no soy una tonta pero no creo
que ningún padre deba estar feliz porque sus hijos se peleen con sus mejores
amigos. Y ese comentario sobre Erick… es incomprensible.
-Me
refiero a que es saludable que los amigos se peleen de vez en cuando. Si estás
aquí y no te hayas disculpado, es porque el culpable fue él ¿o no?
-No
creo que hayan culpables en este caso, tía.
-Los
he observado desde hace mucho. Siempre que hacías algo que le molestaba él no
se enojaba contigo, y lo dejaba estar aunque fuese obvio que estaba molesto. A
veces puede parecer un niño tan taciturno y… sin personalidad. Eres su única
amiga después de todo, y no conoce mucho además de ti.
Ahora
la entendí. Jamás me puse a pensar en algo así. Seguramente él se sentía peor
que yo. Por primera vez le había negado mi apoyo, y no tome en serio su
decisión. Lo abandone, no él a mí. Su única amiga lo había dejado solo, yo, y
no hice nada cuando se fue. Seguirlo, pedirle perdón y apoyarlo es lo que debí
haber hecho.
No
lo pensé mucho. Tome mi suéter y mi mochila y me fui a buscarlo. Esta vez tome
el último autobús al cementerio y cuando llegue no había nadie. Decidí
esperarlo porque seguramente llegaría más tarde. Apenas eran las ocho de la
noche.
Justo
cuando me senté en la banqueta para esperar me di cuenta de una figura que
estaba saliendo del cementerio. Lo reconocí de la escuela pero no sabía su
nombre. Afuera se juntó con otros hombres, intercambiaron bolsas y veían a
todos lados de forma sospechosa. Cuando me vio sonrió, puso su dedo índice en
su boca como diciéndome “no se lo digas a nadie”, se despidió de sus amigos y
se fue rápidamente.
Erick
apareció segundos después en mi campo de visión. Venia bajando hacia mí muy
molesto, e ignoro por completo a nuestro compañero que amablemente le dijo
“Hola”.
-Te
dije que no vinieras.
-Dijiste
que no querías que viniera pero no puedo dejarte solo aquí.
-Vete.
Lo digo en serio.
Estaba
tan furioso. Nunca lo había visto así. Me hacía sentir miedo. Es una faceta
nueva de él y no sé qué podría hacer en ese estado.
-No
me voy a ir. – Me levante para abrazarlo. Enterré mi cara en su pecho porque él
era demasiado alto. No esperaba que me devolviera el abrazo aunque lo hizo. Se
sentía bien. – Prométeme que no volverás hacer cosas así sin avisarme.
-No
te prometo nada. – Me vio a la cara y esta vez sonreía como siempre, como me
gusta que lo haga. – Yo sé que no siempre estarás ahí para cuidarme, nunca me
hago falsas ilusiones.
Con
eso dimos terminada nuestra breve primera pelea. Erick saco una botella de soda
y unos Cheetos de su mochila. Yo no había traído nada para comer por venir tan
deprisa y recordé el juego de cartas Uno que ando siempre conmigo. Nos pusimos
a jugar para matar el tiempo hasta que se llegara la hora de los
acontecimientos.
Esta
vez teníamos un plan para huir y una cámara. Cuando por fin llegó la hora
recorrimos el cementerio, documentando cada paso, cada movimiento. Paseamos por
todas partes y terminamos de verlo todo en dos horas. No sucedió nada.
Absolutamente nada. Ni siquiera fantasmas o animales.
La
noche siguiente volvimos al cementerio, pero esta vez hicimos todo lo que
habíamos hecho la primera vez. Nada. Probamos apagando la cámara, tal vez los
zombis eran tímidos. Nada.
Fuimos
cada noche por más de dos semanas y siempre regresábamos sin resultados.
Nuestra expedición se convirtió en costumbre y empezamos a tomarle cariño al
cementerio, como a un segundo hogar. Hacíamos turnos para dormir, llevábamos
nuestra tarea y una laptop con internet, consolas portátiles de videojuegos.
Incluso pensamos en llevar una parrilla para asar carne.
La
situación se estaba volviendo ridícula, lo sé, pero Erick no se rendiría tan
fácil. Esa primera vez que fuimos por separado yo llegue primera, pero las
siguientes era Erick quien me esperaba. Jamás pensé que el sí encontrara
resultados en las visitas diarias que hacíamos al cementerio. No comentaba nada
de lo que veía conmigo, tal vez, porque no le parecía importante y yo no supe
nada hasta que un día en la escuela, a la hora del almuerzo, azoto a la mesa
donde estaba comiendo con las manos.
-Ahí
está él. – fue lo que me dijo.
-¿Quién?
-Jonah,
el chico que está siempre en el cementerio en la tarde.
-¿Qué?
¿Dónde?
Erick
tomo mi cabeza con ambas manos y me señalo a un chico que estaba riendo con un
montón de chicas que lo rodeaban. Andaba una chaqueta larga de cuero a pesar
del calor, y sus fachas parecían las de cualquier tipo malo de los que ves en
las películas. Y era el mismo chico que vi la primera vez, hablando con unos
tipos e intercambiando bolsas en el cementerio. No me había dado cuenta de que
iba ahí todos los días como nosotros.
-Vamos
a preguntarle algunas cosas. – Lo decidió el solo porque me jalo de una manga y
no me dejo terminar mi almuerzo.
A
veces me sorprende la poca habilidad social que posee pero puede que sea mi
culpa por no presentarle más personas.
Cuando
llegamos donde Jonah este estaba solo, comiendo su almuerzo como todos los
demás. Nos sentamos en la misma mesa de frente a él, que nos vio de forma
curiosa.
-Hasta
que te decidiste a hablarme ¿eh? – Dijo Jonah a Erick. Luego se dirigió a mí –
Y tú vienes por la mercancía ¿verdad?
-Solo
queríamos preguntarte unas cosas. – Erick, no tienes futuro como detective. -
¿Qué haces en el cementerio todas las tardes a las 6? Además de traficar droga
quiero decir.
Lo
golpee con el codo por haber dicho eso en voz alta, aunque…
-¿Eres
traficante de droga? – le pregunte en voz baja.
-¿Por
qué te importa? – Me ignoro completamente y estaba enojado por la impertinencia
de Erick.
-Solo
quiero saber. No me importa lo de las drogas, en serio, puedes hacer de tu vida
lo que quieras, pero me interesan tus visitas al cementerio. Solo eso.
-Erick,
vete a la mierda y déjame comer, por favor.
-Me
parecieron muy extraños esos dibujos que hacías en las tumbas aquel día, y ese
yeso… ya se veía muy gastado.
¿Qué
tanto ha estado observando Erick? Se estaba volviendo paranoico, de eso no
tenía duda, pero esto era demasiado. No me daba miedo que empezaran una pelea
(o tal vez si, un poco), sino más bien que Jonah fuese a hacerle algo a Erick
después. Es un traficante de drogas después de todo, debe tener contactos.
Empecé
a jalarle la camiseta a Erick para que entendiera que ya era hora de irse. En
ese momento Jonah ya se veía más calmado… ¿Más calmado? Se vio muy perturbado
cuando Erick menciono los dibujos. Mejor me hubiese llevado a Erick a rastras
antes de que soltara la bomba.
-Sabemos
lo de los zombis, Jonah.
Jonah
comenzó a temblar e hiperventilar. Fue tan escalofriante. Casi tanto como lo
que vino después.
No
sé por qué en ese momento me sentí muy extraña. Como si el tiempo y nuestras vidas
se hubiesen detenido solo para nosotros tres. Para siempre.
puya con un abracito y ya se contento x'D jajajaj
ResponderEliminarme mato de risa ese tu... "debe tener contactos" jaja
hey esa curiosa la historia x3
Y yo que no tenia la intención de hacer reir XD
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